Mis 7 secretos básicos para leer en voz alta

Leer en voz alta es una actividad fácil, ¿verdad? En principio, consiste en pronunciar las palabras que nuestros ojos van descifrando conforme avanzan por un texto. ¿Cuántas veces leemos en voz alta a lo largo del día, de la semana, del mes? En mi actividad como maestra sí empleo esta estrategia frente a mi grupo, y también lo hago con mis hijos. Yo creo que tú deberías utilizarla también, porque es una actividad de comunicación que tiene sus propias ventajas y buenas consecuencias.

En esta ocasión decidí tocar este tema porque leer en voz alta, aunque en apariencia resulta simple y sencillo, requiere tomar en cuenta algunas consideraciones para alcanzar a quien tenemos enfrente y que se convierte, por este hecho, en nuestro auditorio, aunque esté conformado por un grupo reducido de personas, así se trate sólo de una.
Estos “secretos” no son cosa del otro mundo pero al tenerlos en cuenta estamos asegurando que interesamos a alguien más en la lectura, ya que supongo que ésta sería tu intención primaria. Porque también puede darse el caso, como me ha pasado cuando lo he visto como una obligación y parte de una tarea escolar, que no intereso a mi interlocutor, sino al contrario lo alejo y en vez de comprender el texto a estudiar, éste se convierte en una especie de manzana de la discordia a partir de la cual, tanto lector como oyente dejan de disfrutar la actividad y se concentran en terminar pronto porque el momento ronda peligrosamente el estatus de incómodo. No se lo deseo a nadie, y por eso te invito a hacer de la lectura en voz alta un gran motivo para la convivencia entre familia, amigos o incluso compañeros de trabajo.
  1. Haz tuyo el texto a leer. Por supuesto, no se trata de que lo reescribas ni mucho menos que te adjudiques nada en relación a él. Me refiero a que tú mismo(a) estés convencido de que te agrada, de que tienes una razón para querer compartirlo. En este punto no te voy a decir que forzosamente debe ser un texto literario (cuento, poema, fragmento de novela): puede tratarse de una noticia del periódico del día, o antiguo, puede ser un pasaje histórico o sobre algún héroe que a ti te agrade, puede ser la descripción de algún fenómeno de la naturaleza que te resulte particularmente sorprendente. Todo lo que pueda ser leído y que pueda despertarte a ti primero el entusiasmo merece ser compartido con los demás.
  2. No pienses que debe tratarse la lectura en un momento específico del día, fuera del cual esta actividad en voz alta carezca de valor, ¡no! cualquier hora es válida, incluso si no has llevado a cabo una planificación cuidadosa de la misma. Para esto, también la espontaneidad resulta atractiva. Claro, que si también lo has planificado, sabrás elegir el momento adecuado: cuando la persona está dispuesta (no cansada ni agobiada por un exceso de tareas) e incluso sabrás quitarle la rigidez que pueda implicar meter “con cuña” una actividad tan linda como lo es la lectura en voz alta.
  3. Este consejo no es indispensable pero sus resultados son increíbles: lee en voz alta a solas. Escúchate e identifica qué sonidos o sílabas no pronuncias “audiblemente”; me refiero a aquellos sonidos que te resultan particularmente difíciles de pronunciar cuando se combinan con otros, o a los que tienden a perder sonoridad porque los pronunciamos de una manera descuidada. Mira el ejemplo en la “u” de la palabra espíritu, que muchas veces se queda en una simple emisión de aire sin vocal, y por lo tanto es un sonido que “se cae”. Esto nos ocurre en muchas ocasiones con estas vocales átonas (sin acento) al final de la palabra. Si pudieras grabarte de vez en cuando, tendrías una gran oportunidad para escucharte desde fuera.
  4. De la mano del consejo anterior, va éste: abre la boca todo lo necesario para darle a cada sonido de nuestro idioma su lugar. Dale a cada vocal la forma de los labios y la abertura de la boca que se merece. Haz pausas, tómatelo con calma: es preferible leer un pequeño párrafo bien sonorizado y que resulte agradable, a leer tres cuentos al hilo sin retener más que la trama esencial o el nombre de algún personaje.
  5. No dejes de mirar, en cada oportunidad que tengas, a tu oyente. Dado que no puedes interrumpir de manera frecuente la lectura, el contacto visual con el auditorio forma una especie de diálogo aparte. Sonríele si el pasaje es simpático, o frunce el ceño si por el contrario estás narrando un asunto embarazoso. Al gesticular les das más vida a las palabras de las que ya forman al estar unidas previamente por un escritor que merece ser transmitido y llegar al mayor número posible de personas.
  6. Al terminar, y sin convertirte en examinador, propicia con una pregunta o con una mirada, una breve conversación sobre lo que acaban de compartir tú y tu auditorio. Quizá la pregunta “¿qué te gustó?” resulta obvia, pero no pierde vigencia. Existen otras formas, como la comparación de la historia con alguna anécdota familiar, o la de un personaje con alguien a quien conoces. Incluso puedes iniciar comentando por qué te gusta a ti eso que acabas de leer, ya que estarás poniéndote del lado del espectador también.
  7. Poco a poco, y sin que resulte obvio, invita a tu hijo, a tu hija, al auditorio del que se trate, a tomar tu papel. Anímalos a leer, a su vez, en voz alta. Coméntales en algún otro momento tus propias experiencias y tus secretos: éstos que te estoy pasando pero también los tuyos propios, que irás descubriendo conforme te sientas cómoda(o) con esta simple pero riquísima actividad.
De paso, y si estos consejos te sirven, déjame conocer los tuyos para enriquecer mi propia experiencia como lectora de auditorio. Tienes todo el espacio del mundo en la sección de comentarios.
Gracias!
P.d. No dejes de echar un vistazo a las recomendaciones que el maestro Felipe Garrido hace en torno a la lectura. Él escribió, entre muchas otras obras, Cómo leer (mejor) en voz alta: guía para contagiar la afición a leer.

4 comentarios

  1. Desde niño me gustaba leer en voz alta cualquier texto de utilidad para alguien más, ya sea que estuviera ocupado en algo o que no supiera leer y jamás creí que esto tuviera mucha importancia, al menos en mis años escolares, no recuerdo que se le diera, sobre todo esa lectura placentera, compartir la emoción de descubrir un texto fascinante por encima del contenido mismo; ahora que leo estos secretos básicos quedo encantado con la idea de compartirlos pues coincido plenamente en todos y quiero compartir uno de mis secretos a voces en torno al tema: A manera de juego toma el párrafo de un texto y comparte la lectura con tu auditorio, recreando al azar, la voz de un personaje (bruja, payaso, ogro, Caperucita, lobo…) y una emoción (tristeza, alegría, preocupación, enojo…). Las posibilidades son infinitas y sólo están al alcance de la imaginación.

    • Muchas gracias por su comentario, maestro René. Sé que compartimos estas aficiones y aunque el tiempo no siempre llega, buscarlo para la recreación imaginativa nunca es un sacrificio.
      Bienvenido al sitio!

  2. Muy bien Ihalí, realmente motivas a realizar esta actividad, lo haces divertido, gozoso y entusiasta y sobre todo que lo haces a partir de tu experiencia. me gustó que terminaras con la recomendación de Felipe Garrido y su propuesta muy concreta y práctica!

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