Cartas a mis hijos. Vichy 04

                                                    Vichy, le 9 juin 2017.

¡Hola, hijos!

Les comentaba ayer algo sobre el mundo. Exactamente no recuerdo qué quería decirles, pero por hoy esa frase me da la idea de que no deben creer que sus ideas o sus vivencias son lo único que existe en el mundo, y mucho menos considerar que es lo mejor o más válido.

Una de las cosas que he podido recordar aquí, y sobre todo vivirlo de un modo latente es la variedad de gente que somos en el mundo. En apariencia, en hábitos y en modos de relacionarse unos con otros. Cuando estos aspectos, y muchos otros no coinciden con los propios es cuando tendemos a caer en la intolerancia al querer que lo nuestro sea lo que prevalezca, y ése es el error: ¿quién ha establecido que tal o cual pueblo o cultura merezca tener prioridad sobre las otras? Eso sería imposible  porque por fortuna los seres humanos hemos florecido en todo el mundo, y después, hemos aprendido a desplazarnos con el afán de cooperar unos con otros o por lo menos de tener la posibilidad de conocernos, y precisamente de ampliar nuestro horizonte de expectativas.

Hijos: en nuestra ciudad, ahora que lo veo, todo parece hmogéneo. Y las culturas que nos rodean, que incluso habitan ahí desde antes, es lo que debemos voltear a ver primero, y si no fuera posible entender sus costumbres desde dentro de ellas, lo mínimo que debemos hacer es colocarlas a nuestra altura en respeto y en oportunidades de convivencia. Así debería ser en todos lados y todos deberíamos tener la posibilidad de entrar en contacto con gente de muchos más pueblos, tanto de dentro como de fuera de nuestros limites actuales. Simplemente porque esto implica todas las veces un crecimiento al momento de reflexionar y pensar el mundo.

Los quiero.
P.D. Bitácora segunda parte (hasta el día de hoy)

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