Cartas a mis hijos. Vichy 05

                                                                        Vichy, le 10 juin 2017.

Queridos hijos:

¿Saben ustedes cuál emperador romano hizo famosa su frase vini, vidi, vinci? ¿Ya se les olvidó?

El hecho es que eran otros tiempos, una época de conquista y de sometimiento de pueblos pequeños o aislados para ser casi engullidos casi sin masticar al gran imperio dominante, el de los romanos. Y era importante eso; de hecho: sin ese tramo de la historia, nosotros no tendríamos gran parte de nuestra cultura, incluida nuestra lengua española. Se trataba, como él dijo, de llegar, observar y vencer. Ser prediminante, ser superior a los otros.

Ahora, creo que sería pertinente cambiar esa frase, y decir con el mismo entusiasmo: vine, vi y reflexioné. No se trata de dominar a otro(s) sino de interrogarse a sí mismos sobre aquello que desean para sí en un futuro, y no sólo en tener, sino en lo que quieren, desde su corazón, llegar a ser. ¿Qué les gusta, qué actividades les causan placer, cuáles materias de la escuela les parecen más interesantes, y por qué? ¿De qué modo pueden mejorar sus destrezas en lo que les resulta verdaderamente atractivo? 

Es momento, siempre, ya sean ustedes jóvenes o los de mi generación (un poco menos jóvenes) de preguntarse hacia dónde van, tan si ple como levantar los ojos del camino, no sólo caminar sin sentido. Timar decisiones con base en sus propios razonamientos sobre la vida, no sobre los razonamientos prejuiciados de los demás. Entiéndanlos pero nunca obedezcan a ciegas aquello que no comprenden.

Que si van a vencer a alguien, sea a la propia inercia que nos va envolviendo poco a poco desde el nacimiento, una fuerza extraña que nos hace, muchísimas veces en la vida, obedecer mandamientos callados y direcciones que alguien –no sabemos quién– decide por nosotros.

Que su lema mejor sea: “vine, vi, reflexioné. Ahora, soy.”

Los extraño mucho.

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