Cartas a mis hijos. Vichy 08

Vichy, le 13 juin 2017

Queridos hijos:

A veces somos conscientes de nuestros logros al aprender algunas cosas, y otras veces no somos conscientes de nuestros errores u obstáculos para adquirir conocimientos. Me gustaría que se plantearan en todo nomento, aunque no estén en la escuela, qué aprenden, por qué y cómo. Ya con eso tienen suficiente (espero que mañana podamos tocar más a fondo este tema porque hoy ocurrió algo que atrae mi atención).

 Omo ustedes saben, ni el conocimiento ni lo que poseen como bien material, debe ser objeto de presunción, mucho menos de envanecimiento o soberbia. Lo que saben es gracias a su esfuerzo mental pero seguramente también debe reconocerse la intervención de alguien más que se tomó tiempo para explicarles con paciencia, ya sean sus maestros, su familia o sus amigos, así que incluso cuando llegaran a hacer un descubrimiento o invento, éste será producto de su vida en comunidad. Por otro lado, lo que son sus pertenencias, todas, tienen un uso específico y fueron producidas también gracias al trabajo de otros, aunque se trate del objeto más original del mundo no es una aparición mágica de ustedes.

Por eso no deben permitir que la soberbia los convierta en personas insoportables. 

Dado que todo es un producto de la sociedad, entonces deben estar atentos para auxiliar a quienes batallan con algo que ustedes dominan o tienen, como es el caso de sus compañeros o familiares que puedan tener dificultad para comprender algún tema o procedimiento. No todo el mundo va a vanir a pedirles ayuda porque –por razones que no vienen al caso–también existe la vergüenza de la ignorancia o de la capacidad. Es absurda, pero existe.

Cuando se enfrenten a una situación de poder ayudar a los otros, deben poner manos a la obra. En el aspecto material no siempre contaremos con todo lo necesario, pero en situación de enseñanza, probablemente podamos actuar en más de una ocasión. Sean sensibles para plantear con sutileza dar la mano a quien la necesita sin saber o sin poder pedirlo. No lo hagan desde la altura del experto sabelotodo, sino desde el punto de vista del aprendiz que todos somos en todos los momentos de la vida. Pero además, cuando estén en el proceso de colaboración, no permitan que alguien más –por desconocimiento o por desinterés– interponga sus imprudencias en el camino. 

Además, ustedes saldrán siempre recompensados: al enseñar lo que ya sabemos nosotros, obtenemos un pilón al aprender un poquito más, siempre.

Queridos hijos, los extraño y sigo trabajando por nuestros planes.

¡Tomen sus vitaminas!

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