Cartas a mis hijos. Vichy 11


Queridos hijos:

El día de hoy tuve la oportunidad de llevar una revista en préstamo domiciliario, de la mediateca del CAVILAM. Todo surgió porque en un pizarrón de sugeerencias pegaron la primera página de una entrevista que llamó mi atención, y es sobre el tema del mismo que quisiera dirigirme a ustedes ahora.

El título es Parlons peu, parlons bien, que quiere decir “Hablemos poco, hablemos bien”. Trata sobre la importancia de la conversación, y la define de inicio como una actitud de apertura hacia el mundo. Me gusta la acepción, ¿y a ustedes? Porque implica el intercambio de ideas entre uno y los demás, incluso abre la posibilidad de que esta interacción no sea solamente de viva voz y en el momento inmediato, sino que para la entrevistada, Fanny Auger, el hecho de conversar incluye asimismo un intercambio epistolar y más aún, la relación que se establece entre un libro y su lector. Todo esto puede ser considerado una conversación en tanto que significa confrontar el mundo propio al de otro.

A veces se queda uno atrapado en ls ideas propias y es ahí cuando inician la frustraciones porque nos es imposible entender el punto de vista de los demás. Sin querer decir que tengamos que estar siempre de acuerdo, es importante intentar entender a los otros, hijos, porque nadie es único en este mundo y es necesario mejorarlo trabajando cada quien desde lo que puede aportar y para eso hace falta conversar, dialogar. En el texto, la entrevistada nos dice que incluso es necesario aprender a hacerlo y practicarlo. Estoy de acuerdo.

Ahora, un ingrediente clave para establecer un punto de diálogo entre las personas es desarrollar, si es que no se tiene, lo que en un anglicismo ella menciona como el pzazz, que sería la parte interesante, el encanto que cada quien puede tener para que la interacción se dé en los mejores términos posibles. 

Hijos: como familia que dialoga ahí la llevamos, y aún tenemos mucho que mejorar. Ojalá lo hagamos.

Los quiero, que se diviertan en la clase de aikido.

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