Cartas a mis hijos. Vichy 16

Vichy, le 22 juin 2017.

Queridos hijos:

Hace 17 años vine a Francia y aunque no era yo esta misma, comprendo a aquélla. 

En ese tiempo me recuerdo con temor ante lo desconocido, ante lo extraño, ante costumbres diferentes en un contexto hasta cierto punto laboral en el que tenía que insertarme, porque era el compromiso convertirme en la asistente de la enseñanza del español. Al inicio me resultó difícil asumir que en un sitio tan raro para mí debiera tener los conocimientos suficientes para desenvolverme con cierta naturalidad en una sociedad constituida. Por otro lado, antes no me había enfrentado a dar clases de español como segunda lengua. 

Por supuesto, no era yo capaz de racionalizarlo ni de expresarlo como en este momento lo intento, sólo sé que aunque quería venir me angustiaba tener que tomar decisiones e incluso adueñarme de la conducción de una clase como si esos grupos fueran verdaderamente mis alumnos. Poco a poco lo conseguí, y alcancé a sentirme cómoda en ese contexto. Incluso, pude pensar en cómo hacemos nosotros las cosas, intentar buscar por qué esto, por qué aquello, tanto aquí como allá. Poder comparar al menos dos formas de interactuar con los demás es de suyo una gran oportunidad en la vida porque le permite a uno, obviamente, conocerse mejor. Pero como les decía: al inicio sentía miedo, ¿saben por qué? Porque temía equivocarme y cometer errores poco o nada tolerados en la sociedad que me recibía.

Creo que, esencialmente, en eso radica la diferencia de mi estancia en aquel entonces y ahora. Por supuesto que una experiencia alimenta a la otra, y de hecho la edad también es un factor que establece lo que ahora podríamos denominar como la aceptación propia del derecho a equivocarse. Ahora vengo sin temor casi de nada (el único es que mi tarjeta bancaria pudiera descomponerse jajaja). Es cierto que tuve que vencer mis limitantes y prejuicios,como les explicaba antes, pero en sí estar aquí no me representa ningún tipo de miedo. El otro día incluso me sentí perdida porque no llevaba mapa y tenía que llegar al salón social de la ciudad, pero supe que en cualquier caso bastaba con preguntar por ahí para reorientarme, lo cual ni siquiera fue necesario. 

En la clases es igual: no temo intervenir aunque no esté segura de la respuesta, y en una ocasión ni siquiera estuve segura de la pregunta, jeje pero no me gusta la facilidad de no equivocarse por el método de no hacer nada, eso es para mí como hacer trampa.

Hijos: me gustaría ser lo suficientemente capaz de enseñarles a no tener miedo al hacer las cosas, de motivarlos a tomar riesgos a la vez de razonables, que resulten una fuente de enriquecimiento en su ya de por sí lindas personas. Piensen que su vida es propia, como lo es y háganse sus dueños.

Los quiero, no me olviden. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Me da mucho gusto escribir…

    Y también me encanta recibir tus comentarios en este sitio, por teléfono, por correo, en persona. Gracias por estar a mi lado.